Cada año, miles de creyentes emprenden el camino hacia el Santuario de Chaguaya para expresar su fe, agradecer favores recibidos o cumplir promesas. La peregrinación se ha convertido en una de las manifestaciones religiosas y culturales más arraigadas de Tarija, pero detrás de esta tradición existe una historia cuyos primeros capítulos se encuentran entre la tradición oral y los relatos transmitidos de generación en generación.
El origen de la devoción a la Virgen de Chaguaya no puede establecerse con absoluta precisión debido a la falta de documentación histórica suficiente. Sin embargo, los relatos conservados por los habitantes de la región sitúan el inicio de esta tradición en la época colonial y han permitido mantener vigente una historia que forma parte de la identidad religiosa tarijeña.
Una de las versiones más difundidas ubica los acontecimientos alrededor de 1750, cuando una pareja de pastores regresaba de su jornada de trabajo durante un periodo de sequía. Mientras avanzaban junto a sus animales, ambos habrían observado a la distancia un resplandor que despertó su curiosidad.
Al aproximarse al lugar, según cuenta la tradición, encontraron una luz de distintos colores y posteriormente divisaron la imagen de la Virgen María sobre un árbol de molle. Ante aquella escena, los pastores se habrían arrodillado para venerarla, pero al levantar nuevamente la mirada descubrieron que la imagen había desaparecido.
La historia señala que al día siguiente los pastores retornaron al mismo sitio y encontraron nuevamente la imagen. Decidieron trasladarla hasta su vivienda para colocarla en un lugar especial y permitir que los vecinos pudieran acercarse a venerarla.
Sin embargo, de acuerdo con el relato, la imagen volvió a desaparecer y posteriormente fue encontrada otra vez en el lugar donde se habría producido la primera aparición. Para los habitantes de la zona, este hecho fue interpretado como una señal de que la imagen debía permanecer en aquel sitio.
La comunidad decidió entonces reunirse para venerarla y asumió el compromiso de levantar una capilla. De esta manera, según la tradición, se habría iniciado la historia del espacio religioso que con el paso del tiempo se convertiría en el Santuario de Chaguaya.
Aunque el relato de la aparición pertenece a la tradición y no existe documentación histórica que permita comprobarlo como un hecho, existen referencias antiguas sobre la presencia del culto en la zona. Un documento histórico señala que en 1779 Chaguaya ya constituía un beneficio eclesiástico, cuyo párroco era el presbítero Nicolás Rafael Soto y Valdez.
La historia del lugar también estuvo vinculada con los acontecimientos de la época de la Independencia. Los antecedentes históricos señalan que durante los conflictos de ese periodo se produjeron saqueos de iglesias y pérdida de documentación religiosa, situación que contribuyó a que parte de la historia antigua de Chaguaya permaneciera principalmente en la memoria y tradición de sus habitantes.
Con el paso de los años, la devoción fue creciendo y la imagen comenzó a convocar a creyentes provenientes de distintas comunidades de Tarija. Las dificultades del camino no impidieron que los devotos emprendieran largos recorridos para llegar hasta el santuario y cumplir las promesas realizadas.
La peregrinación adquirió así un significado particular para los creyentes. Caminar hasta Chaguaya representa para muchos un sacrificio ofrecido como muestra de fe, ya sea para agradecer una petición concedida, pedir por la salud de un familiar, buscar protección o cumplir una promesa.
Entre las expresiones tradicionales vinculadas con la festividad se encuentra la denominada “pisada” de la Virgen, un acto de veneración y bendición al que los devotos se acercan después de participar en las actividades religiosas.
La celebración también reúne a peregrinos procedentes de diferentes lugares de Tarija y de otras regiones, además de devotos provenientes del norte argentino, evidenciando la expansión de una devoción que trascendió el lugar donde se originó la tradición.
El santuario que actualmente recibe a los peregrinos es resultado de un proceso de transformación desarrollado a lo largo de los años. De acuerdo con los antecedentes difundidos sobre la historia del lugar, el actual santuario fue construido en la década de 1980 y posteriormente fue declarado basílica.
Con el tiempo, el templo se consolidó como el principal centro de la devoción a la Virgen de Chaguaya y como destino de miles de peregrinos que cada año recorren el camino movidos por la fe.
Las peregrinaciones al santuario son reconocidas como una de las celebraciones religiosas más importantes de Tarija, estrechamente vinculadas con las costumbres y la identidad de los habitantes del departamento.
La tradición continúa vigente con el paso de las generaciones. Jóvenes, adultos, familias y personas mayores emprenden cada año el recorrido llevando consigo sus propias historias, peticiones y agradecimientos.
Más allá de la leyenda que rodea sus orígenes, la Virgen de Chaguaya forma parte de la identidad religiosa y cultural de Tarija. La ausencia de documentación suficiente para reconstruir con exactitud sus primeros años no ha impedido que la devoción se mantenga viva.
La tradición oral, las peregrinaciones y las promesas han permitido que esta historia continúe transmitiéndose de generación en generación. Cada recorrido hacia Chaguaya vuelve a poner en escena una expresión de fe que se ha mantenido durante siglos.
Para los devotos, llegar hasta el santuario y encontrarse frente a la imagen de la “Mamita de Chaguaya” representa mucho más que completar una caminata. Es, para muchos, el cumplimiento de una promesa y una manifestación de fe, esperanza, agradecimiento y pertenencia a una tradición profundamente arraigada en Tarija.
La entrada Virgen de Chaguaya: una devoción marcada por la tradición, la fe y siglos de peregrinación en Tarija se publicó primero en La Voz de Tarija.
